miércoles, 7 de noviembre de 2007

Círculo

Hay un adiós sumergido en cada hombre,
Desarraigo del mundo y de si mismo.
Hay señales oprimidas en cada ser
Que no escapan, temor a ser pasado.

Quiero que salga mi signo y se lleve mi adiós,
No sentir eco reflejarse en el vacío.
Los espectros se cruzan en las calles,
y tanto silencio ya no puede eludirse.
Es peor que ley de hielo: es renuncia.

Cuando todo se olvida en donde todos se pierden,
a nadie le importa que sea el concreto quién nos cuaje.


Familia

Me pregunto si se alegra cuando llega a casa. Si el sonido familiar de la reja metálica le esboza una sonrisa. Si su mano busca descansar en la manilla de la puerta de un hogar reflejo de sus pasos de ingeniero eléctrico. Si cierra los ojos pensando en el reposo de su almohada y de un cuerpo fiel y seguro a su lado. Si acaso los bostezos de su prole le despiertan ternura, haciéndolo ansiar el amanecer, que lo hizo bien, que no hay arrepentimientos.

Me pregunto si cuando hace las compras, cuando nos acarrea de lado a lado, cuando escucha nuestros gritos, desborda de templanza, si su silencio es tregua o desilusión inexpresada. Porque las risas que dibujamos la navidad pasada no eran nuestras.
Arriba, en su habitación: gritos.

Me pregunto si papá se alegra cuando llega a casa.

Entonces, mientras me hago la dormida al sentir el crujido de la reja metálica verde, luego la manilla de la puerta principal rotar, le pregunto: Papá, ¿te alegras al dejarnos atrás?